Marrakech es donde empiezan casi todos los viajes a Marruecos, y la mayoría de visitantes le dedica dos días completos. Son suficientes si sabe qué elegir. Esto es lo que merece la pena y lo que, con honestidad, puede dejar fuera.
Perderse en la medina y los zocos
La medina de Marrakech es un laberinto amurallado que concentra casi todo lo que ha venido a ver. Los zocos están organizados por oficios: tintoreros, curtidores, herreros, cesteros. Caminar sin rumbo durante una hora es la mejor manera de entenderla, y perderse forma parte de la experiencia.
Si quiere comprar, regatear es normal y esperado. Empiece por la mitad del precio pedido y negocie con calma y una sonrisa: quien se enfada acaba pagando más. Alfombras, cuero, cerámica y lámparas son las compras clásicas, y la calidad varía enormemente de un puesto a otro.

Palacio de la Bahía y Tumbas Saadíes
El Palacio de la Bahía es el edificio histórico más bonito y más visitable de la ciudad: patios, jardines, techos pintados de cedro y zellige hecho a mano. Vaya temprano, a la hora de apertura, porque a media mañana los patios se llenan.
Las Tumbas Saadíes son más pequeñas y se ven en veinte minutos, pero la sala principal con columnas de mármol de Carrara es notable. Estuvieron tapiadas durante siglos y no se redescubrieron hasta 1917, lo que explica su buen estado.
La Koutoubia y Jemaa el-Fna
El alminar de la Koutoubia es la referencia de la ciudad y se ve desde casi cualquier punto. La mezquita no admite visitas de no musulmanes, pero los jardines de alrededor son un buen sitio para una pausa a la sombra.
Jemaa el-Fna cambia de carácter a lo largo del día: por la mañana está casi vacía, por la tarde llegan los zumos y los músicos, y tras la puesta de sol se llena de puestos de comida y de gente. Merece verla dos veces, a horas distintas. Un apunte honesto: los fotógrafos con monos y serpientes cobran y el trato a los animales no es bueno; nosotros recomendamos no alimentar ese negocio.
Jardín Majorelle y la ciudad moderna
El Jardín Majorelle es pequeño, muy cuidado y muy concurrido. Si va, compre la entrada online y llegue a la apertura: a media jornada se camina en fila. El Museo Yves Saint Laurent, al lado, es un buen complemento si le interesa la moda o el diseño.
El barrio de Gueliz, la Marrakech moderna, es donde se come y se toma algo sin el ruido de la medina: cafés, galerías y restaurantes contemporáneos. Es el contrapeso natural a un día de zocos.

Hammam, cocina y descanso
Un hammam es la manera correcta de cerrar un día de caminata. Hay dos versiones: los públicos de barrio, baratos y muy locales, y los spas de los riads, más tranquilos y pensados para visitantes. Las dos experiencias son válidas, pero son experiencias distintas.
Los cursos de cocina duran medio día, suelen empezar con la compra en el mercado y terminan con el almuerzo que ha preparado usted. Es una de las actividades que nuestros viajeros mencionan más a la vuelta.
Fuera de la ciudad: qué se llega a ver en un día
El Alto Atlas está a poco más de una hora en coche: valles bereberes, terrazas de cultivo y paseos cortos aptos para cualquiera. El desierto de Agafay, pedregoso y no de arena, está a cuarenta minutos y es la opción de quien no tiene días para el Sáhara de verdad.
Las cascadas de Ouzoud quedan más lejos, unas tres horas por trayecto, y el día se hace largo. Essaouira, en el Atlántico, exige lo mismo pero devuelve una ciudad completamente distinta: viento, pescado fresco y murallas portuguesas.

Cuántos días hacen falta de verdad
Dos días completos bastan para la medina, los monumentos principales y una noche en Jemaa el-Fna. Tres días le dejan una tarde libre para un hammam, un curso de cocina o simplemente para ir más despacio. Más de tres días conviene usar Marrakech como base y salir: el Atlas, Agafay o el inicio de un tour por el desierto.
Nuestro consejo práctico: no meta todo en el primer día. Marrakech es intensa, y el cansancio del vuelo más el ruido de la medina pueden con cualquiera. Una mañana tranquila en el riad vale más que un monumento extra.
Preguntas frecuentes
Dos días completos cubren la medina, el Palacio de la Bahía, las Tumbas Saadíes y una noche en Jemaa el-Fna. Con tres se añade un hammam, un curso de cocina o una excursión al Alto Atlas.
No es obligatorio, pero medio día con un guía local ayuda mucho a orientarse y a entender lo que se está viendo. Después, recorrerla por su cuenta resulta más fácil.
Mucho menos que las ciudades europeas. El gasto mayor es el alojamiento si elige un riad de gama alta; comer, moverse y visitar cuesta poco.
De marzo a mayo y de septiembre a noviembre. En julio y agosto el calor supera con frecuencia los 40 grados y limita lo que puede hacer a mediodía.
Sí. Merzouga está a unas nueve horas de carretera, así que el mínimo razonable son tres días. Quien solo tiene una jornada elige Agafay, que es desierto de piedra y no de dunas.
